La etapa Tolita Clásico - que dura aproximadamente tres siglos (entre 200 a.c. y 90 d.c.) y coincide con el inicio de nuestra era - marca el auge del desarrollo cultural y consolida a la isla de la Tolita como el gran centro ceremonial de importancia regional. Se inicia la construcción de montículos artificiales y el núcleo del lugar crece hasta abarcar una área de aproximadamente un kilómetro cuadro. Su ocupación se torna más densa, lo cual está evidenciado por la gran cantidad de restos arqueológicos y millares de enterramientos encontrados, calculándose su población residente entere mil y dos mil habitaciones (Valdez, 1993). Algunos de estos enterramientos tienen ofrendas muy ricas, por lo que la producción de objetos suntuarios y ceremoniales es considerada como una tarea de especialistas.
Durante la etapa Tolita Tardío (90-400 d.c.), que se inicia hace unos diecinueve siglos atrás, el asentamiento alcanzó su máxima extensión hasta llegar a cubrir una área de dos kilómetros cuadrados y albergar a unos cinco mil habitantes. Este incremento demográfico requirió el uso intensificado del suelo, para lo cual se rellenaron las ciénagas fronterizas con el propósito de obtener mayor espacio habitable. Se ampliaron y construyeron nuevas tolas o montículos. En ellos, el ajuar funerario tiende a ser menor que el de las etapas anteriores, pues la cerámica pierde su refinamiento (se la identifica con el estilo Tiaone) ya que es fabricada en molde, lo cual empobreció el detalle y diseño de vasijas y figurillas. El surgimiento de otros centros menos hizo que el sitio de la Tolita vaya perdiendo su condición de centro ceremonial único y aglutinador, por lo que hace 1600 años atrás (400d.c.) fue completamente abandonado.
Más allá de esta delimitación de fases secuenciales en el desarrollo de esta sociedad, es preciso destacar la importancia regional que tuvo el gran centro ceremonial construido en la isla de la Tolita, ubicado en la desembocadura de río Santiago. Ahí se han encontrado una gran cantidad de objetos de carácter suntuario (elaborados en metales, cerámica, hueso y piedra), además de abundantes enterramientos humanos y construcciones monumentales, por lo que se lo ha definido como un importante centro ceremonial y de comercio de esta extensa área cultural. En cambio, esta acumulación no es evidente en otros centros periféricos que estaban articulados a este centro mayor, lo cual es un indicativo de su escala regional.
Al sitio acudía gente de distintos lugares y en determinadas épocas del año, con el fin de participar en sus grandes fiestas religiosas, pedir favores a sus dioses y sepultar a sus muertos, Esta sede funcionaba también como cementerio de la región, al cual llevaban a enterrar a personajes del alto rango de las comunidades aledañas.
El lugar estaba compuesto por suntuosos templos colocados sobre montículos artificiales, que tenían una altura de hasta siete metros, los que fue construidos de la siguiente manera: primero quemaban el piso natural con el propósito de sellar y compactar los materiales arcillosos, para luego depositar la tierra acumulada; esta primera cima también era quemada y se ponían, en ocasiones, tierra de distintos color y textura; posteriormente, se nivelaba la nueva cima con un piso de tiestos o fragmentos de cerámica.
Su construcción exigió el control de mano de obra de una buena parte de la población periférica. Los especialistas en la edificación de tolas manejaron no solo el conocimiento que implica edificar estas obras, sino que también eran conscientes del significado de simbólico de su diseño y ubicación, pues su orientación este - oeste tenía relación con los movimientos del Sol, lo que hacía que su función estuviera íntimamente a la actividad ritual.
Estos montículos artificiales o tolas estaban distribuidos de tal manera que conformaban amplios espacios públicos, aptos para la celebración de grandes festividades. Dichas ceremonias constituían el enlazamiento comunitario, en las que las ideas económicas, sociales y religiosas que guiaban a la sociedad, se disponían a través de manifestaciones rituales que expresaban una información cultura básica, que regulaba la conducta social. Los sacerdotes y chamanes fueron los encargados de presidir diferentes tipos de ceremonias, relacionadas con ritos de iniciación, cultos de fertilidad, mitos de origen, sacrificios rituales, prácticas mortuorias. Para ello, los líderes religiosos se adoraban con máscaras y otros objetos imbuidos de atributos simbólicos que, a su vez les conferían poder y autoridad.
Eso era posible ya que había niveles de especialización entre las actividades ceremoniales, productivas y artesanales, hecho que generó una mayor diversificación y estratificación de la población. Los artesanos alcanzaron un alto desarrollo tecnológico y eran diestros en ramas como la metalurgia, talla de madera, textil ería, peletería, alfarería y cestería.
Así pues, el mundo sagrado y religioso de la Tolita está presente en sus manifestaciones, a través de una iconografía que intenta relacionar el mundo de las fuerzas sobrenaturales con los acontecimientos de la vida cotidiana. Estas fuerzas sobrenaturales están representadas pro los seres que dominan los tres reinos del mundo real, es decir, pro los animales más poderosos de aire- cielo (águila harpía, murciélago, búho), de la tierra (jaguar, serpiente) y del agua (caimán), los cuales fueron elevados a la categoría de dioses. Las esculturas antropo-zoomorfas son representaciones humanizadas de las deidades animales, cuya elaboración tenía como propósito servir de ícono religioso y social.
Los ritos y celebraciones fueron necesarios para consolidar el ordenamiento de la estructura de pensamiento social. Unas piezas conocidas como "prisioneros" podrían representar, alternativamente, los ritos de pubertad o incluso sacrificios humanos que, en realidad, tiene la significación de entregar un ser humano a una entidad sobre natural para su consumo, pero entendido este de una manera ritual izada, es decir, consistiría en un regalo u oferta a los dioses o a los espíritus para así recibir el bienestar.
Este centro ceremonial se organizaba, además, el intercambio de bienes provenientes de diversas ecologías (ají, hojas de coca, algodón, sal de mina...) y de artículos lujosos que daban prestigio, especialmente los elaborados en oro, platino, cobre, cristal de roca, obsidiana, jadeíta y esmeralda, que fueron muy apetecidos de varios de estos objetos se obtuvo a través de una red de intercambio de mercaderes especializados, que también formaban parte de la élite dominante.

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